Dolores de cabeza, sarpullidos y más: la contaminación por aguas residuales sigue afectando a escuelas del South Bay

Dolores de cabeza, sarpullidos y más: la contaminación por aguas residuales sigue afectando a escuelas del South Bay
sewage
A beach closure sign in Imperial Beach.
La señal de una playa cerrada por la contaminación en Imperial Beach. File photo

Por Deborah Brennan • CalMatters
Esta historia fue publicada originalmente por CalMatters.

La semana pasada, una neblina cubrió el estuario del río Tijuana en Imperial Beach, acompañada de un fuerte olor a huevo podrido, mientras el sulfuro de hidrógeno burbujeaba desde el contaminado río Tijuana.

Virginia Castellanos, enfermera escolar de Bayside STEAM Academy, ubicada cerca del estuario, temía que los estudiantes sufrieran dolores de cabeza, malestar estomacal o problemas respiratorios debido al hedor. También tenía otra preocupación urgente: su hija de siete años estaba enferma en casa por asma, una condición que se agrava cuando aumentan los niveles de contaminación.

“He tenido dolores de cabeza y náuseas toda la semana”, dijo Castellanos. “El olor ha sido terrible. Y ya esperaba que mi hija se enfermara; en los últimos días empezó a mostrar síntomas y me dijo: ‘Mamá, necesito mi inhalador’”.

Más tarde ese mismo jueves 19 de marzo, los datos de monitoreo de la calidad del aire mostraron niveles de sulfuro de hidrógeno de 500 partes por billón, más de 15 veces el límite estatal de California, fijado en 30 partes por billón. Informes de prensa indicaron que las altas temperaturas de la semana pasada, junto con descargas transfronterizas de aguas residuales provenientes de una bomba averiada en una planta de tratamiento en Tijuana, contribuyeron al olor.

Castellanos tuvo que salir temprano del trabajo el día anterior para llevar a su hija a casa, y esperaba volver a hacerlo ese jueves para llevarla al médico. El riesgo iba más allá del ataque de asma: en ocasiones anteriores, las dificultades respiratorias habían derivado en neumonía y semanas de enfermedad.

“Cuando empiezo a olerlo, puedo garantizar que ella se va a enfermar”, afirmó.

Los síntomas que Castellanos observa en sus estudiantes y en su propia familia son comunes entre residentes de Imperial Beach y otras zonas del sur de San Diego afectadas por la contaminación del río Tijuana.

Cuando las aguas residuales sin tratar entran al río en México debido a fallas o derrames en el sistema de alcantarillado, los impactos en la salud se sienten al otro lado de la frontera. Residentes de Imperial Beach describen asma, migrañas, sarpullidos, náuseas, irritación ocular, mareos y “niebla mental” cuando el olor nauseabundo del sulfuro de hidrógeno se eleva desde el agua.

“Los pacientes nos lo dicen”, señaló la doctora Kimberly Dickson, médica que dirige South Bay Urgent Care. “Llegan y dicen: ‘El aire huele horrible, tengo que usar más el inhalador. El aire huele horrible, tengo dolor de cabeza’”.

El mal olor con frecuencia obliga a los niños a permanecer dentro de casa, lejos de parques y playas. En las escuelas, los mantiene dentro de los salones y fuera de los patios, y en ocasiones los deja en casa enfermos. El entorno costero que atrajo a muchas familias a esta comunidad se ha convertido en un riesgo para la salud.

“Nos gusta trabajar y vivir aquí, y que nuestros hijos vayan a la escuela cerca de casa, pero es tóxico”, dijo Bethany Case, residente de Imperial Beach, voluntaria de Surfrider y madre de dos adolescentes. “Vivimos en una comunidad de playa, pero no estamos viviendo una vida de playa”.

Los padres intentan manejar los efectos de la contaminación manteniendo inhaladores a la mano, usando purificadores de aire y limitando la actividad al aire libre. Sin embargo, se preguntan si la exposición continua pone a los niños en riesgo de sufrir problemas de salud más graves a largo plazo.

“Están respirando este aire y expuestos todos los días”, dijo Castellanos. “¿Qué tipo de daño se está haciendo en sus pulmones, en su cuerpo, en sus ojos, en su nariz? No sabemos qué va a pasar en el futuro”.

Una excursión escolar y luego un sarpullido

Para Alan González, de 9 años, los problemas comenzaron después de una visita escolar al estuario.

El humedal salino es prácticamente el patio trasero de Bayside Academy: un refugio de vida silvestre donde garzas, patos y otras aves costeras caminan entre estanques con plantas acuáticas. Lagartijas se asolean en los senderos y conejos cruzan rápidamente entre los pastizales.

Durante una caminata escolar reciente, Alan y sus compañeros arrancaron plantas invasoras y sembraron vegetación nativa, relató su madre, Farron Espinoza. Al llegar a casa, Alan estaba incómodo, pero como está dentro del espectro autista, le costó expresar lo que sentía.

“Al día siguiente estaba muy alterado e irritable y me dijo que todo su cuerpo le picaba”, contó Espinoza. “Cuando lo revisé, tenía un sarpullido por todo el cuerpo”.

El médico diagnosticó una reacción alérgica y le recetó antihistamínicos y una crema tópica. Una semana después, Alan seguía muy afectado y se rascaba tanto que se lastimó la piel.

Más tarde, otro médico le indicó antibióticos y explicó que había visto casos similares en niños expuestos a bacterias en la playa.

“Ha estado muy neblinoso últimamente, así que estas bacterias pueden estar en el aire, aerosolizadas”, dijo Espinoza.

Aunque el sarpullido desapareció, Alan ahora tiene miedo del entorno natural cerca de su escuela y su casa. Ya no quiere participar en programas de exploración del estuario por temor a volver a enfermarse.

Impacto en la salud estudiantil

El río Tijuana ha planteado desafíos complejos desde que Estados Unidos y México comenzaron a gestionar conjuntamente su flujo hace más de 80 años. Aunque durante décadas los sistemas de alcantarillado mantuvieron la contaminación bajo control, comenzaron a fallar a inicios de los años 2000. La situación se agravó hace una década tras grandes derrames de aguas residuales.

Tramos de la costa de Imperial Beach han permanecido cerrados por tres años. En 2024, investigadores confirmaron que la contaminación podía volverse aérea, validando las preocupaciones de residentes que durante años denunciaron olores y enfermedades inexplicables.

Aunque los distritos escolares han tomado medidas de mitigación, como purificadores de aire y restricciones de recreo, los padres lamentan que sus hijos estén perdiendo oportunidades de aprendizaje y contacto con la naturaleza.

“Uno quiere que sus hijos vivan las cosas bonitas que uno vivió de niño”, dijo Espinoza. “Pero no puedo llevarlo a la bahía porque está sucia y huele mal”.

CalMatters es una organización periodística sin fines de lucro y apartidista que ofrece a los californianos reportajes que investigan, explican y exploran soluciones a temas que afectan la calidad de vida, al mismo tiempo que exigen rendición de cuentas a quienes están en el poder.